lunes, 22 de abril de 2013

El nombre de Puerto Rico



Clara estoy, que uno de nuestros grandes problemas es de educación. Si nos educáramos más, la mitad de las discusiones que se dan; que en muchos momentos toman dimensiones político partidista, no tendrían razón de ser. En vez de invertir nuestro tiempo en discusiones estériles, deberíamos utilizarlo en cosas realmente productivas y necesarias para el país.

En esa categoría incluyo la discusión que se da en nuestra Isla, repetidamente, sobre el nombre de Puerto Rico. Cada vez que cambia una administración, se hace un “operativo” a nivel gubernamental. Se le cambia el nombre a instituciones, a los procesos, a los sistemas, etc. Hay cambios de logos, de papelería, de colores; en fin, se trata de borrar toda huella. Así pasamos de Estado Libre Asociado de Puerto Rico a Gobierno de Puerto Rico y volvemos a empezar. Esto, lo único que deja claro es que no hemos alcanzado nuestro nivel de madurez ciudadana.

Una constitución, se supone, es la ley suprema de un país. Claro, por nuestra relación con los EE. UU., existen algunas consideraciones respecto a su Constitución que debemos tener. Si somos un país de ley y orden, debemos cumplir con lo dispuesto en nuestra Constitución, en nuestras leyes y reglamentaciones.  Esto no es cuestión de gustos; sino lo que debe ser. 

El nombre oficial de nuestro país es Estado Libre Asociado de Puerto Rico; según establecido en nuestra Constitución de 1952. Esto hay que verlo desde el punto de vista jurídico; no ideológico. El Artículo 1 de la Constitución es sobre el Estado Libre Asociado. La Sección 1 establece el nombre. “Se constituye el Estado Libre Asociado de Puerto Rico. Su poder político emana del pueblo y se ejercerá con arreglo a su voluntad, dentro de los términos del convenio acordado entre el pueblo de Puerto Rico y los Estados Unidos de América”. 

jueves, 28 de marzo de 2013

La bandera puertorriqueña, la monoestrellada, la nuestra.

“Ondea, ondea, ondea bandera ondea, cuando mi bandera ondea, que gran orgullo me da”.
(Ondea bandera, composición de Don Tite Curet Alonso)

Si algo identifica la esencia de una nación son sus símbolos patrios. Por eso creo pertinente hablar sobre nuestra bandera, la monoestrellada, la bandera puertorriqueña. Es importante recalcar que debemos ver esto en el contexto correcto, en el histórico, en el educativo, en el cultural, en el deportivo. Hay que ver las cosas en su justa perspectiva y dejar a un lado las consideraciones políticas e ideológicas. Tenemos que educarnos más y politiquear menos. Sólo así podremos mirar esto con los ojos que debemos mirarlo.

jueves, 14 de marzo de 2013

Habemus Papam: Un cónclave histórico que, sin duda, marca el futuro de la iglesia.



El protocolo de la iglesia católica siempre me ha parecido fascinante. Pero sin lugar a dudas, este cónclave me lo ha reconfirmado de una manera muy especial. La elección del nuevo papa es un proceso realmente interesante, estructurado y con reglas muy claras. Las actividades y los simbolismos; muchos. No podemos perder de vista que la iglesia católica es una institución milenaria, que vela cuidadosamente cada uno de sus procesos y que tiene muy definido su propósito y cómo se realizan todas sus ceremonias. Así es que funciona.

martes, 12 de marzo de 2013

Comienza una nueva aventura...

Hay pasos que tenemos que dar y caminos que andar. Con este blog estoy comenzando a hacerlo. Desde hace tiempo acariciaba la idea de hacer uno cuyo tema principal fuera el protocolo puertorriqueño. Y es que nuestro protocolo, por nuestras raíces españolas y nuestra relación política con los Estados Unidos de América, es uno muy particular. Claro, cada país tiene lo suyo, pero el nuestro es uno interesante de estudiar; bueno, por lo menos para mí.

Puerto Rico, siguiendo la línea de los Estados Unidos de América, con quién tiene una relación política algo “especial”, cuenta con uno de los protocolos más flexibles del mundo. Y no estoy diciendo que no tengamos protocolo ni que ellos tampoco; lo que sucede es que podría ser más laxo que en otros países. A veces cometemos uno de nuestros más grandes errores; confundir flexibilidad con carencia. Ahí es cuando comenzamos a fallar.